La revista electrónica de Los Cabos
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Te Amo México: Le Yu

Por: Sandra Ricco


Foto: Le Yu

El programa 5


- ¿En serio? Es el barco que sale en Piratas del Caribe!

Fue la expresión del representante de una generación que lo visual le gana a otros sentidos.

Domingo de Verano con la orquesta de Minería, en un recinto arquitectónico encumbrado como es la sala Nezahualcóyotl.

Un placer.

-Ahora escucharemos la versión sonora de la leyenda de El holandés errante…

La atención estaba puesta en los violines, en los instrumentos de aire que hacían sentir, no únicamente imaginar, los movimientos de aquel barco naufragando y rechazado a atracar en cualquier puerto.

La ejecución apasionada de la Orquesta sinfónica de Minería en los momentos más críticos del obertura del compositor alemán hacía que los ojos de los espectadores, por lo menos los que alcanzaba yo a ver, parpadearan más rápido como para no perderse ni un solo instante las manos de los músicos.

Por supuesto, los aplausos llenaron la Sala Nezahualcóyotl, pero serían una pálida muestra de la emoción que despertaría Le Yu con la marimba. Sí, un músico chino radicado en Londres tocando uno de los instrumentos más representativos de la música del sur de México. Exótico.
Un viaje elevado.

Prism Rhapsody de Keiko Abe, fue la obra de Yu, la conquisto desde el primer minuto. Ahora que, aquí no hubo referencia popular de mi joven acompañante, pero sí mía (sin poder evitarlo) causó más que conmoción entre los asistentes. La suavidad con que los bolillos (la bola que toca el teclado) se deslizaron por las maderas me hacía recordar a una ligera y amorosa caricia que provoca una explosión de sensaciones dentro del cuerpo. Y cuando el sonido conseguido era el más fuerte, nuevamente quienes nos encontrábamos ahí, no dejábamos de expresar con pequeños movimientos del pie, de la mano o de la cabeza la fuerza de la música.

“TE AMO MEXICO” grito con fuerza Leo Yu…
Y lo demostró.

Porque tres veces regresó Yu y regaló piezas hasta que nos tuvo que decir, a través de un movimiento en las manos que ya se había agotado e iría a descansar; si no lo hubiera hecho seguro que los aplausos no se hubieran detenido tampoco.

Finalmente se retiro, pero su actitud al haber dado lo mejor de su alma, cuerpo y espíritu era evidente.
El anuncio de la primera llamada indicaba que 15 minutos teníamos para hacer lo que más deseáramos: ir al baño o tomar una copa de vino tinto o espumoso… sin duda lo último fue la tradición como en los recintos mas cultos del mundo.

La Sinfonía número 2 de Shumann cerró el programa. Nada que agregar. Mamá ¿ya?

Termino sin más novedad que la estructura cuadrada matemática  que no dejaba sentir las escalas y corazón de la partitura y sus ejecutantes.

Algo más templado para cerrar la extraordinaria visita al Centro Cultural Universitario y comprar unas pepitas en la explanada del MUAC… que ahora mismo sigo degustando. y decifrando.