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Acapulco, vuelve a la vida

Por: Sandra Ricco



El puerto de Acapulco se encuentra en el estado de Guerrero, México. Y quiere Renacer. ¡Vuelve a la Vida! Es un deseo para este puerto. Es sede del Tianguis Turístico 2017, que atrae a inversionistas de todo el mundo, e inicia el lunes.

Evento emblemático de este estado que había perdido por la violencia ocasionada siempre por la desigualdad, porque la bonanza turística tiene que verse reflejada en la calidad de vida de quienes ahí habitan.

Volvamos.

El color como un arcoíris es parte de Acapulco, de su gente, en la forma de presentar la comida y de platicar. También de colores muy vivos son los sentimientos y los atardeceres, las lanchas de sus paseos hacia el Barra Vieja y sus canastos únicos.

Acapulco, que en lengua Náhuatl significa “lugar de carrizos”, tiene una altitud de 300 msnm y 744 es su clave telefónica, por si te quieres comunicar. Sitio de colores como esta primavera, que fue fundado en 1550 y es ahí donde las lacas de onilalá hechas a mano con la madera lináloe forman bellezas esculpidas que son conocidas en todo el mundo.

Acapulco también te hechiza. Sitio de Bodas, donde los lunamieleros acuden para enamorarse más y fusionarse con el paisaje, una postal que se quedará para siempre latiendo en su corazón.

Los Colores visten las flores en la primavera. Con esa misma imaginación los artesanos de Acapulco decoran un plato de frutas, adornan los dulces mexicanos o arreglan el puesto del mercado.

Acapulco huele a coco y sabe a cacahuates nativos. A frutas extraordinarias. Son sus mercados de artesanías un punto de encuentro para arquitectos y diseñadores, así como sus galerías de arte, todo dotado de belleza nativa y natural.

En el fuerte de San Diego se encuentra el museo Histórico, un hallazgo nada más.

La enorme variedad de frutas tropicales es material para obras de arte culinarias; las piñas coladas son emblemáticas y famosas a nivel mundial. Como las de la Concha, favoritas mías.

Como una creación, guardan sus habitantes hechos históricos como la construcción de la capilla de Santa Cruz en 1715; en 1754, hubo una insólita creciente de mar que destruyó gran parte de la bahía. Ahí, se encuentra su Virgen de la Soledad, tan olvidada por los nativos. Fue en esa época de 1750 cuando las casas eran de tabiques y tejas para lograr una mayor frescura al interior. Chozas con adobe.

Con el triunfo de la República, después de la intervención francesa que influyó en que nos respetaran aún más, un renacimiento se da en Acapulco.

Acapulco se divide en colonias que pintan de colores sus casas para distinguirse arquitectónicamente; luego, se empleó el estilo geométrico y pórticos horizontales longitudinales. Pero la arquitectura de Acapulco es de estilo funcionalista, así como a las características de su clima fresco que te hace olvidar cualquier riesgo. Herencia arquitectónica de de Le Corbusier.

A principios de los cuarentas había diversas tendencias de construir, como los valores humanos y valores plásticos representados en el nacionalismo, movimiento cultural de la época.

Así, empiezan a llegar al puerto artistas, intelectuales y empresarios como el arquitecto Luis Barragán, que quería representar el verdadero gusto de los mexicanos. Así se integran elementos como los techos de dos aguas que están por ejemplo en las brisas imperdibles, con esa piedra local y los pórticos que son un legado de los más sencillos guerrerenses que, como bien sabemos, cada jueves abren sus zaguanes para vender pozole de todos colores, una tradición vital para comer y platicar.

Continuará en la siguiente entrega.

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