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Cuernavaca, la eterna primavera

Vamos a la llamada por los extranjeros “Ciudad de la eterna primavera”. Será por su clima templado todo el año. Mas no más por su inseguridad, que crece.

Vivir Morelos es otra imperdible.

A 1,510 metros sobre el nivel del mar y dos horas desde la Ciudad de México se encuentra Cuernavaca, capital de Morelos, y es uno de los 33 municipios del estado.

Sitio rodeado de buganvilia y árboles tabachines anaranjados y frondosos que guían el camino dando sombra al invitado. Una ciudad que se ha distinguido por su notable capacidad de conservar con recelo, rasgos y tradiciones de su origen indígena. Como el carnaval, que es inspirado en sus fiestas prehispánicas o como su festival de catrinas y calaveras en el jardín borda, que representan a la muerte con ese humor sarcástico tan característico de los mexicanos y que, dicho sea de paso, se exportara pronto a todo el mundo, impulsado por su gente.

Sitio de leyendas revolucionarias, ruta de conventos y haciendas con construcciones magníficas, hechas para protegerse de las revueltas, de lo que muy pocas se salvaron finalmente.

Digno hogar del Caudillo del Sur: Emiliano Zapata, ídolo de la Revolución Mexicana, que nació en Morelos, la ciudad que fue testigo fiel de la Revolución Mexicana, de latifundios y despojos como la joya arquitectónica Hacienda Vista Hermosa, asentada sobre las tierras confiscadas por los revolucionarios, lugar histórico donde se celebraban reuniones secretas con Zapata, hombre de carácter, a quien le debemos aquella frase “la tierra es de quien la trabaja”, o “ más vale morir de pie que vivir arrodillado”.

Entretenimiento diferente resulta recorrer este sitio con pasadizos secretos, mazmorras, un submundo que cuenta de secuestros donde se aplicaban tormentos y había desaparecidos, donde se planeaban ataques a los acaudalados amigos de Porfirio Díaz, quienes acaparaban la tierra; se castigaba a los infieles y se daba muerte a los traidores.

Leyendas llenas de sabor, que complementan la historia como su gastronomía presente en los mercados, característicos con sus coloridos manteles de plástico, donde se encuentran recién cultivados los aguacates, maíz, tomate verde y calabazas recién cultivadas, y se pueden disfrutar esos deliciosos y enormes frijoles morados guisados con chile guajillo, únicos, los “ayocotes”, eso sin perderse las quesadillas del Mercado de Tres Marías, rellenas de todo tipo de guisos locales, como champiñones, queso y epazote o tinga.

Cuernavaca es un lugar que permite respirar el pasado revolucionario en cada piedra, calle o plazuela, en el silencio profundo de la noche.

Un aire melancólico, solitario y misterioso atrae a diversos pintores, escritores, músicos y artistas como Rosaura Revueltas, a inspirarse y crear, por lo que no es extraño disfrutar de un concierto de flauta o guitarra al aire libre, en medio de museos morelenses muy bien preservados.

 

Sus pasillos y andares, de los tesoros de piedra que sobrevivieron al enojo de las tropas zapatistas transportan al pasado, que no debemos olvidar, porque nos corresponde resguardarlo.

Vamos al Casino de la Selva, y por unas paletas.

Inspiración de otros grandes como Rufino Tamayo y David Alfaro Siqueiros en el siglo pasado, también mandaron edificar sus sitios de creación, así como actores y actrices de la época de oro del cine mexicano.

Vivir Morelos con su clima templado todo el año, ya sea por la tradición quesadillera, de sopas sabrosas, talcosos azules y la historia de la Revolución o por el centro ceremonial Tlahuica, es hoy por hoy el lugar ideal para disfrutar de los mejores frijoles con chile de México y cerrar con broche de oro echándose una nieve de cielo digno de leyenda o corrido mexicano.