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Vancouver. Un pueblo inmigrante

Por: Sandra Ricco


 

Estamos en la costa del océano Pacífico, es Vancouver. 

Ciudad llamada así según la leyenda urbana, en honor a su descubridor el inglés George Vancouver en el año 1750 cuando los europeos empezaron a llegar en masa.

Es la latitud de British Columbia, en Canadá, País de norteamérica  amigo y socio comercial.

Vancouver es una ciudad habitada por una sociedad vanguardista y educada, porque a primera vista es una ciudad hipermoderna, con su imponente puente Lions Bridge, con una energía hiperactiva y vivaz.

Su muelle en Gastown pareciera tener alas blancas y sus habitantes multiétnicos de quienes se escucha al caminar, hablar en varias lenguas, se deslizan tranquilos sin sentirse distintos.

Vancouver destaca por su sociedad liberal. Espejo del Canadá moderno, famoso por su tolerancia, aprendida en su historia tormentosa que los llevaría a más de dos siglos de negociaciones antes de establecer su identidad nacional.

En el siglo 19 fue colonizada por ingleses y franceses, así se creó un pueblo hecho a mano por inmigrantes.

Antes habitada por nativos aborígenes (desaparecidos por los colonizadores casi en su totalidad) y cazadores que perseguían al mamut y al enorme bisonte de donde obtenían alimento, pieles y herramientas de caza, lo que atrajo la primera oleada de migración continua, iniciando la historia multicultural, organizada en pequeñas tribus, que satisfaciendo sus necesidades básicas del generoso océano, desarrollan una elaborada vida ceremonial, caracterizada por sus largas fiestas, llamadas “potlachs” en la que cada clan trataba de mostrar sus superioridad, a través de regalos y bailes, estos pueblos eran también artistas talladores de tótemes cada uno de los cuales estaba compuesto por paneles que mostraban un mito de religión de la tribu a través de aves, animales mágicos y figuras semi humanas, estos todavía pueden ser admirados en museos, como el de Antropología, o en parques como el Stanley Park y en la artesanía local, que también incluye cerámica que se destaca por su sobriedad, y el arte rupestre, como indicio de la cultura nativa original, que tanto ha costado preservar a los canadienses.

Ven…

Excéntrico resulta dar un paseo marítimo por su tren de vapor y sky tren para explorar la ciudad.

¡A saber, que su mercado Quay ofrece melones de 150 dólares! y mermeladas de 200 dólares. Vancouver es un lugar donde se celebran festivales todo el año, oportunidad para disfrutar de las vistas del puerto y sus modernos edificios de cristal y rascacielos, y al dar un paseo por las calles, se escapa el olor de la comida China que se ofrece por doquier, debido a la influencia de este mestizaje, uno de los más fuertes de esta jovial ciudad; juventud que se refleja en la actitud de sus habitantes y modernidad latente.

Pasear por su Parque Stanley y hacer un pic-nic es indispensable, rentar una bicicleta o caballo permite recorrerlo tranquilamente.

Su turismo es Eco, son cuidadosos de no contaminar, y por las diversas opciones al aire libre que ofrece este oasis urbano, que contrasta con su moderna y premiada arquitectura, por lo que dar un paseo guiado para conocer en sus bosques al oso negro, esquiar o ir en canoa es otra de las opciones de Vancouver, así como jugar golf disfrutando de pinos verdes que rodean toda la ciudad.

Recorrer y explorar las calles adoquinadas del centro, edificios del siglo 19 restaurados, y Water Street con su reloj de vapor, o tomar un café en el antiguo edificio que antaño fue la primera cárcel de la ciudad, es conocer el Vancouver multifacético.

No por nada es uno de los tres lugares más deseados para vivir, según las estadísticas al respecto, porque su clima, vistas frondosas rodeadas de agua, y riqueza de comunidades diversas hace de Vancouver uno de los lugares más interesantes del mundo.