La revista electrónica de Los Cabos
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Montes Laurentinos

Por: Sandra Ricco


 

 

Buenos días

¿Cómo estás?


I Feeling Good”

Michael Bublé

caught in the act


Estamos en los Montes Laurentinos, en Quebec, Canadá, uno de los sitios mas llenos de luz del planeta, luz natural por supuesto y también cuenta con una millonaria inversión en plantas hidroeléctricas.


Canadá es un símbolo mundial de evolución a base de esfuerzo y diplomacia.


Siendo parte del Imperio Británico desde el Siglo 18, fue liberado en los hechos por La Reina Victoria en 1867 que reconoció su autonomía. Hoy los símbolos de Gran Bretaña son preservados con gusto por el pueblo canadiense, quien recuerda cada año en una fiesta nacional a la Gran Reina Victoria que les otorgó su independencia.


Quizá los reinos terrenales tendían que preguntarse: ¿Cómo quieren ser recordados? ¿Cuál es su Misión?


Vamos a la Campiña de Quebec…


Muy cerca en Nunavik viven aun indígenas inuit que viven tranquilos en comunidades a orillas de su bahía, que es la última frontera de Quebec, y tiene como habitantes osos polares que vagan en la helada tundra ártica.


Desde la Bahía James hasta la reserva La Vérendrye viven de la industria, que inició en 1920 con un yacimiento de cobre.


De regreso a los montes, el mejor ejemplo de diversión al aire libre y sin contaminar es en el norte de Saint Jovite (hermosa combinación de latín y español).


Gran parte del año, la tradición es ir a esquiar, este parque tiene un millón de años de antigüedad con aldeas prosperas muy tranquilas de estilo francés como lo es todo Quebec.


Nos detenemos a comer una trucha en Saint Faustino y luego en un excepcional café en Lac des Sables con playas saludables.


Es aquí, en está región, de donde se hacen los mejores productos de arce desde el siglo XIX y donde se produce artesanalmente la miel, que acompañan con jamones y las famosas “Orejas de Cristo”. Muy Rico.


Las hojas tradicionales de los árboles son ya cafés con tonos naranjas, es otoño.


El paisaje virgen intacto hace poco imaginable la llegada de franceses y británicos que en algún momento se disputaron la zona hasta 1759 dice la historia. Cuando Inglaterra gana y convierte a Canadá en su colonia.


Desde aquí, vamos por la autopista 132 que rodea la Península Gaspé, fundada en el Siglo XVIII con siembras de huertos frutales. Algo excepcional por las frías temperaturas de Canadá que no permiten cultivar.


La recomendación es entrar por el Mont Saint-Pierre una aldea que conserva sus tradiciones francocanadienses, un fusión muy interesante.


Esta península es conocida por su bello paisaje con los Montes Chic-Choc que se elevan a 1350 metros que son escalados por aventureros.


Descansemos…


Canadá es bello y agotador, sus paisajes son enormes postales que al recorrer parecen infinitos laberintos naturales que podrían ser parte del paraíso terrenal.


Necesitas estar en forma, para llegar hasta el final.


Llegamos a un interesante archipiélago con casitas de colores con sus porches, es el Golfo de San Lorenzo, donde la arena es tan fina como la azúcar refinada. Tranquilas sus aguas como su gente disciplinada.


Pescadores aldeanos presumen su pueblo lleno de colores ocres y rosados en Îles-de-la Madeleine, nombre que me recuerda la hermosa avenida en Paris en la que me hospedé la primera vez.


Estamos aun en Quebec


Nos recomiendan pasar al siguiente pueblo para probar la mejor leche de Canadá.


De camino a Lac-Saint-Jean encontramos Val-Jalbert donde es imperdible admirar su cascada de 70 metros, historia ecológica también pues en 1920 movía un molino para producir papel.


Estamos rodeando el Lago, Lac-Saint Jean lleno de playas apacibles donde es posible andar el bicicleta. Luego, caminar hacia la siguiente aldea Chambord nos descubre el tesón del trabajador quebequense, cuidando del ganado que da leche muy sabrosa y dulce.


Sus diferentes pueblecitos nos muestran las artesanías de la región como los bordados, técnicas de tallado en maderas, o asistir al Festival de Vaqueros, en Julio.


La Reserva Biosférica patrimonio de la humanidad, está reconocida por la Unesco por sus hermosos valles vírgenes de tundra junto al río. Me da gusto saber que está reserva, es mía también.


Canadá es un país Eco ambiental, rodeado de reservas protegidas por su sociedad y gobierno, y es un ejemplo de amor a la tierra, pues sus habitantes tienen conciencia sobre su riqueza natural que preservan con dignidad. Nada de levantar construcciones ambiciosas a lo bestia.


Vamos…


Solo de paso, quise admirar la Catedral Saint Anne-de-Beaupré, será porque el nombre Santa Ana en México simboliza la traición a la patria.


Sobresalen la entrada una escultura, que me pareció Italiana, y sí, es la réplica de la escultura de Miguel Ángel que muestra y me recuerda la muerte de Cristo.


Este santuario es geométrico con dos torres a la entrada y fue levantado en el Siglo XVII por pescadores devotos a la madre de la virgen María, a quien siempre agradecían por regresar sanos y salvos luego de la pesca.


Estamos llegando de regreso a la Ciudad de Quebec, antigua capital de la que les di cuenta en anteriores entregas que renovare aprovechando esta vuelta.


Antes de arribar a la ciudad, está un fuerte histórico que nos recibe con su ejercito orgulloso en pleno cambio de guardia.


Estamos en La Citadelle.


Un fuerte de guerra.


Sus fortificaciones datan del mediados del Siglo XIX y son el flanco oriental creado para defender la ciudad, de un posible ataque estadounidense.


La historia registró el interesante encuentro de franceses y británicos en está área de resistencia.


La construcción la inició Francia en 1750 y lo terminaron los británicos en 1831. La arquitectura de este fuerte tiene forma de estrella que alberga al regimiento de valientes militares, y cuenta con capilla, casa de gobierno, cuartel militar, la cruz de Vimy en honor a los canadienses caídos en la 1 Guerra Mundial, y el Bastión del Principe de Gales lleno de reservas polvorientas.


Nos detenemos en los alrededores a disfrutar de un dulce de miel de maple traído desde la campiña, admirar este fortín es recordar la creación que con lucha intelectual y física, se levantó aquí. Quebec es un pueblo forjado en temperaturas extremas de todo tipo, a veces, se deja sentir su fuerza en guiños de frialdad, algo que en Quebec se equilibra por su ascendencia latina, donde su suavidad les enorgullece, algo que representan en sus deliciosas crepas de frutas; o su francés lleno de pasión.


Pienso que en Quebec, hablan francés y piensan en inglés, un sentimiento extremo e intangible, difícil de aceptar. Como tener dos corazones, que en realidad es la fusión de cuerpo y alma.


Entrando a la Capital de Quebec…


Termina el paseo con el símbolo de la flor de Maple que recogí este Otoño, y guardo como separador en el libro de mis recuerdos y mis letras, en papel y la web. Que continuará en la siguiente entrega.