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Barcelona, corazón de España

 

Por: Sandra Ricco


En Cataluña, donde sentir el calor sincero español, es posible. 

Su proyección internacional va de Dalí a Serrat y su personalidad que no esconde su auténtica pasión de vivir y sobrevivir, les ha dado fama de gente difícil, y por supuesto, única. 

Porque pareciera que viven en su España, donde no hay puntos medios, donde se es o no, la que han forjado, a través del mito y de la realidad. 

La realidad de su mercado y sus ramblas, de sus personas rudas pero atentas, su comida sofisticada pero siempre con opción de la clásica tortilla de papas... eso sí, a la catalana y condimentada, su idioma que se escucha a gritos en los cafetines y en el puerto. Y de su andar tan relajado y jovial, aunque cada vez se vean menos niños y más parejas, ¡qué subjetivo! pero real, o tal vez sólo otro rumor urbano. 

Ciudad conquistada y siempre liberada por sus habitantes desde tiempos románicos, hasta papá Franco, llegó a ser una potencia mediterránea en el siglo 14 compitiendo con las presumidas Venecia y Génova. 

Esmeralda es su color, pintado de azul su cielo, situado a la orilla del mar Mediterráneo. 

A sólo 6 horas del pueblo donde nació Dalí, el extraordinario pintor que dio orgullo y fama a través de su obra magnífica. 

Sus propuestas, muchas, pero esta es una ciudad que se conoce bien, y sólo recomienda lo mejor, como visitar el puerto de Barcelona que recibe a manos llenas transbordadores de turistas, o visitar las ruinas romanas, la ciudad medieval, hasta los barrios de modernismo catalán y gótico. 

Y no perderse las largas discusiones sobre política: nuestro Marcos de Chiapas y sus Etas de Vasconia; quienes, se dice, se conocen, quieren y admiran. 

Pláticas de sobremesa de sociología, y ¡chacoteo! lo cual de no tener cuidado puede acabar en mentadas... ¡ah! porque también han adquirido las mentadas en su idioma. 

Barcelona, una de las capitales del modernismo que alberga la obra maestra de Antoni Gaudí, como el templo de la Sagrada Familia que dejó inacabado y seguirá construyéndose con donativos para ser terminada en el 2020. 

Dar un paseo por el parque Gaudí (Güell) es un viaje a lo surreal; y conocer su catedral gótica, la de la Sagrada Familia, que tan obscura como la historia de su construcción que lleva ya largo tiempo. 

Porque el aire que se respira es el de Gaudí. El del español creativo y fuerte, siempre informado y conocedor de su cultura, de sus raíces, tan puras y llenas de magia, que es la herencia de Gaudí. 

Pareciera que Gaudí, es Guardián de esta ciudad, a decir que sus colores y arte están impregnados por toda la ciudad. 

Gaudí era un artista que se graduó de arquitecto, y que aún hoy, después de tanta oferta, es un icono y guía para el arte universal, incluida claro la arquitectura. 

A saber que lo que es Barragán a México, es Gaudí a España. 

Barcelona es valiente, porque hoy en día, como los indígenas que se hacen respetar, "se atreven" a hablar sólo en catalán si le viene en gana, y ahí también queda un poco del autoritarismo, ¡recordando al de las monjas de la escuela! pero igual, las ganas de conservar su acervo lingüístico, que les distingue en todo el mundo... es cuestión de encontrar el equilibrio. 

Equilibrio que se ve en la sobriedad de su personalidad, de sus edificios y gente ávida de saber, sencilla y moderna, culta, y callada, una ciudad fabulosa, con prisa de mostrar más de sí misma. 

Les distingue también su gastronomía sofisticada, y premiada, la cual rescatan de toda Cataluña como sus chefs y cocina de autor cual Fernán Adria, con estas infusiones pequeñas la cuales crea durante por lo menos seis meses antes de abrir sus puertas a los privilegiados que podrán degustar sus maravillosos sueños culinarios. 

Ganas son lo que le sobra a la gente de Barcelona, de vivir, de mostrar cuan grande y extraordinaria es su España. 

Un sitio para jugar a ser libre, siempre que se hable catalán... dirán algunos, pero la verdad es que la nobleza de su gente radica en hablar nuestro idioma universal, el español, sin problema; esto del idioma pareciera una prueba, de entrada tipo la aduana, pero sin las consecuencias de ella ¡Ufff menos mal! 

Digno lugar para ser la capital de España, por su libre albedrío, guiado por sus valores, que se refleja en el ambiente de la ciudad, donde uno puede desprenderse de prejuicios. 

Caminar Barcelona es como entrar en una dimensión... desconocida en plena España, donde el arte en todas sus formas se expresa en una banca o en la posición estratégica de un árbol, en la forma de servir el vino, o de conversar, es sin duda el reflejo de la España renovada, de sus habitantes y de rebeldía sana. Porque la rebeldía sana, existe... ¡claro que existe!