La revista electrónica de Los Cabos
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Un viaje a Tokio




Tokio es una enorme ciudad, y tan surreal como la de México, próspera, moderna, influenciada cada vez más por Estados Unidos, con una sobrepoblación impresionante. Llama la atención que la mayoría no hable inglés, y otros no sepan usar una cámara Sony. Pero eso sí, sonrientes, amables y aunque sea a señas te ayudan, porque el metro no cuenta con íconos de identidad, ¡sólo está en japonés! Qué difícil. Eso es muy local. 
 
Al llegar a la modernísima zona de Roppongi Hills, una miniciudad y donde se encuentra el Centro Nacional de Arte, abierto recientemente, un templo a la creatividad. Es mediodía, hora pico, a 40 grados de calor, me dicen que desde 1960 no habían alcanzado tales temperaturas. ¿Será parte de la ola retro? 
 
El ritual comienza a esa hora. Los japoneses almuerzan alrededor de la una, disfrutan de desplazarse en grupos, como hormiguitas y rápido... muy rápido, se siente la presión, se les ve llegar al "Fiorentina" el café más top, donde llegan apresurados, a relajarse y encontrarse jovenes alegres. Minutos después el lugar atestado, lleno de energía, niños con su madre, amigos y parejas comparten el delicioso ritual de la comida; como los mexicanos, ellos también dan un especial lugar a ese tiempo, de chismear y disfrutar. ¡Lo defendemos con uñas y dientes, cómo debe ser! 
 
Su templo Asakusa ubicado en la "Antigua Tokio" es como la Basílica de Guadalupe, muy visitado de todas partes del Mundo, por creyentes y turistas. 
 
Al caminar hacia allá encuentro tiendas, muchas, consumo, disfrutan comprar, todo lo nuevo parece venir de Tokio, son creativos, aventados al diseñar, la más avanzada tecnología, los autos y propuestas de "robots"más novedosos, los nuevos diseñadores son impulsados, por lo que no hay "fuga" de talento, así las tendencias más excéntricas tal vez surjan de la rica fuente inspiradora de tradiciones que datan de hace cinco mil años, aunado al talento nato de personalidades con valores, valor y ganas de triunfar, lo cual resulta admirable. 
 
Andar por la calle, entada la noche en Tokio, en el barrio de Shibuya, es estar en un lugar donde acostumbran ir de fiesta los más alegres y con espíritu joven; que no son muchos, porque suelen ser melancólicos y solitarios. Difícilmente comparten una bohemia y, al parecer, según mi investigación, es difícil encontrar una compañía para echar un sake (bebida tradicional). Pero cuando la encuentran, en general se ponen hasta las "chanclas" en menos de una hora.  
 
Al parecer esto tiene mucho que ver con su filosofía de la "calidad total y productividad" que por cierto viene de Japón, una aportación sin duda extraordinaria, al primer mundo y a la globalización; pero que, en desequilibrio, les provoca un estrés constante por la presión de cumplir las normas, de por sí estrictas es su escala de valores familiar e histórica, aunado al crecimiento desbordado y exigencias multiculturales, los trae realmente cansados. Admirablemente, mediante "tolerancia 0" han logrado una ciudad segura que ya quisiéramos... Definitivamente los mexicanos traemos un chip especial que nos permite no llegar "aún" a esos extremos aunque para allá vamos. 
 
Así como la ciudad de México, Tokio es una ciudad que marca al visitante para siempre, por sus enormes contrastes, spas, olores a flor, comida, inciensos, la modernidad y la resistencia de los más osados a ella, incluso viviendo de la misma.  
 
Es exótica en toda la extensión de la palabra, sensual y cómoda. 
 
La coincidencia esencial entre las dos ciudades más grandes del planeta, creo está en la "felicidad" que cada día escasea más en Tokio y la inseguridad que cada día crece más en ciudad de México; ambas conducen directo a la muerte... al fin ambos kamikazes.